Los 7 errores más nefastos para tus dientes

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Los 7 errores más nefastos para tus dientes

A veces, con el tema de la salud bucal es muy útil hacer un poco de ingeniería inversa ante cualquier problema que podamos tener. Más que intentar hacer las cosas bien, a menudo es más sencillo evitar las cosas que hacemos mal para conseguir tener esa dentadura que todos deseamos.

Puedes hacerte estas preguntas: ¿Qué pasa si tengo este problema con mis dientes? ¿Cómo he llegado hasta aquí: malos hábitos, poca higiene dental, genética, dejadez, miedo al dentista? Evitando los errores más peligrosos tienes todas las papeletas para evitar sustos importantes con tu boca.

“Sólo dime donde voy a morir para que nunca vaya allí” – Charlie Munger

Por lo tanto, en lugar de decirte lo que deberías hacer, te vamos a explicar a continuación lo que no deberías hacer, los errores más nefastos que tienes que evitar a toda costa si quieres asegurarte una salud bucodental de hierro.

Es más, con sólo evitar los 4 primeros errores es casi seguro que vas a tener una boca más sana que el 90% de los españoles en tu rango de edad.

Nota paradójica antes de seguir leyendo: muchos de estos consejos que vas a leer a continuación van en contra de nuestros intereses económicos pero nuestra deontología profesional nos obliga. Afortunadamente para nosotros, un porcentaje alto de nuestros pacientes no nos hará ni caso, lo que permitirá que sigamos ganándonos la vida dignamente

  1. Error #1: No cepillarte bien los dientes.
  2. Error #2: No utilizar correctamente la seda dental
  3. Error #3: Acudir al dentista sólo cuando duele
  4. Error #4: Mala dieta
  5. Error #5: Tabaco
  6. Error #6: Traumatismos dentales por culpa de ciertos hábitos
  7. Error #7: Buscar “gangas” en odontología

Error #1: No cepillarte bien los dientes.

Probablemente, junto con no usar o no saber usar bien la seda dental, esta es la razón numero uno por la que no tienes unos dientes sanos.

Es posible que incluso te limpies los dientes concienzudamente 3 veces al día después de las comidas, pero si no lo haces bien, estarás causando más daño que beneficio.

La mayoría de las personas piensan que saben limpiarse bien los dientes, nosotros nos atreveríamos a decir que más del 85% de la población no tiene ni idea de cómo cepillarse los dientes correctamente.

¿No te lo crees? Te retamos a que vengas un día a la consulta, después de cepillarte “bien” los dientes, a ponerte un revelador de placa, serías uno de los poquísimos pacientes que no tiene ningún resto de placa en sus dientes. Si pasas la prueba, te mereces una felicitación y muy probablemente te estrecharemos la mano y te preguntaremos cómo lo haces por si tus consejos pueden servir a otros pacientes.

Revelador de placa

Revelador de placa

¿Por qué no sabes limpiarte los dientes? ¿Acaso es tan difícil?

Como muchas cosas en la vida, limpiarse realmente bien los dientes es cuestión de que un buen profesor te enseñe la técnica adecuada, tener interés en aprender a hacerlo bien y mucha, mucha, mucha práctica. Sólo así conseguirás resultados de verdad.

Cuando explicamos a algún paciente que pase al gabinete con la higienista para que le explique cómo realizar una buena higiene dental a veces nos mira extrañado como diciendo –“¿Aprender a limpiarme yo los dientes, si soy ingeniero por favor, a mis años? Déjese de historias doctor y vaya al grano que no tengo tiempo para estas historias”.

La realidad es que, aunque no te lo creas, limpiarse bien los dientes es muy difícil, casi nadie sabe así que no te sientas culpable por ello. Lo que sí sabes hacer seguramente es meter el cepillo en la boca y frotarlo contra los dientes, tal y como te enseñaron tus padres de pequeño o como has visto en los anuncios de televisión, o en las películas, pero eso no es limpiarse bien los dientes. ¿Te atreves con el reto del revelador de placa? Lo más probable es que no pases el test.

Que dejes de frotar los dientes y empieces a limpiarte bien es muy importante. Con sólo conseguir hacerlo bien, al menos dos veces al día, conseguirás ahorrarte varios miles de euros en futuros visitas al dentista. Es una de las mejores inversiones que puedes realizar ya que no te va a costar dinero y el beneficio es enorme.

Entonces ¿Cómo tengo que hacer para limpiarme bien los dientes?

Te lo explicamos en este artículo para que tengas una idea de cómo hacerlo pero ojo, leerte este artículo no será suficiente, si quieres aprender de verdad y con detalle debes pedir cita con nuestra higienista dental pulsando en el botón azul de más abajo (la otra opción no te la recomendamos).

(No gracias, prefiero ir cuando tenga un problema y pagar más a mi dentista que tambien tiene derecho a ganarse la vida)

Aparte de una buena técnica es necesario contar con unas buenas herramientas que cuestan muy poco y son muy fáciles de encontrar:

  • Cepillo suave
  • Dentífrico adecuado no abrasivo
  • Seda dental y cepillos interproximales (lo explicamos con detalle más adelante)
  • Colutorio adecuado

Cepillarse los dientes bien pero hacerlo en un mal momento ¿Es posible?

Sí, puede pasar que te limpies bien los dientes y con una buena técnica pero que estés causando más perjuicio que beneficio. Por ejemplo, si te cepillas tus dientes justo después de tomar un refresco o un alimento muy ácido, la acción del ácido junto con el efecto abrasivo del cepillado puede dañar el esmalte de tus dientes. Lo mejor es que te enjuagues con agua inmediatamente y esperes un poco antes de cepillarte los dientes en este caso.

Error #2: No utilizar correctamente la seda dental

No nos cansaremos de decirlo: la seda dental es tan importante como el cepillo de dientes. Es imposible limpiar todas las zonas de la boca con el cepillo de dientes. Con la seda dental llegas donde no llega el cepillo.

Recuerda: Utilizar la seda no es solo pasar el hilo entre los dientes

Hay que utilizar una buena técnica, lo mejor es que te la explique in situ un dentista o higienista dental y practicar todos los días porque al principio no es fácil.

Si la gente no sabe usar bien el cepillo de dientes imagínate cómo usan la seda. Utilizar la seda no es solo pasarla entre los dientes, requiere hacerlo de una manera adecuada para eliminar bien todos los restos de comida y no dañar tus encías.

No se te ocurriría aprender a conducir leyendo un artículo por internet ¿verdad? Pues con esto es lo mismo, necesitas que alguien te lo explique bien, practicar en casa, que corrijan tus errores y hacer un seguimiento hasta que aprendas de una vez por todas a usar la seda dental correctamente.

Utilizar la seda dental suele dar mucha pereza, lo mejor es que establezcas algún tipo de rutina (por ejemplo, dientes superiores por la mañana después desayunar y dientes inferiores por la noche antes de acostarte), o concédete una pequeña recompensa después de hacerlo. Una vez creado el hábito te será muhco más fácil.

Así funciona el cerebro humano, una vez establezcas una rutina lo harás todos los días sin problemas. Lo más difícil es empezar, pero la salud de tu boca está en juego. Si esto no te motiva, visualiza con todo detalle en tu mente las horas de trabajo que te llevará ganar el dinero que SEGURO te vas a gastar en el dentista si no lo haces.

Cómo elegir la seda dental más adecuada para ti

Esto es complicado, dependerá de tu boca y tu estado de salud en general, lo mejor es que te dejes asesorar por tu dentista o higienista dental aunque, por regla general, son mejores las sedas dentales tipo cinta que los hilos de seda ya que pasan mejor entre los dientes y se deshilachan menos, son un poco más anchas y por lo tanto son capaces de arrastrar más cantidad de placa a la vez que irritan menos la encía.

¿Qué pasa con los cepillos interproximales?

Cuando los espacios interproximales (es decir, entre los dientes) se van haciendo más grandes es conveniente reemplazar la cinta dental por el cepillo interproximal. En estos casos hay que elegir un cepillo interproximal del grosor adecuado para limpiar bien estos huecos, cosa que con la cinta dental sería bastante más difícil.

Los espacios interproximales se van haciendo más grandes porque con el paso del tiempo vas perdiendo hueso y la encía se retrae. Este proceso es mucho más lento si mantienes correctamente la salud de tu boca. De todas formas la edad no perdona y a medida que vas cumpliendo años se hará más necesario el uso de este tipo de cepillos.

Tu dentista o higienista es quien te puede recomendar qué cepillo interproximal es el mejor para ti y de qué grosor debes utilizar. También te tiene que explicar cómo utilizarlos correctamente.

Cepillos interproximales

Cepillos interproximales de diferentes grosores

Error #3: Acudir al dentista sólo cuando duele

Todavía no hemos conocido a nadie que le guste ir al dentista, está claro que es algo que haces porque no te queda más remedio.

Pero si eres de los que sólo acuden al dentista de urgencia, cuando te duele algo, o cuando se te ha estropeado algún trabajo dental anterior, estarás eligiendo el camino del dolor y el de los tratamientos complicados, largos y caros.

Puedes elegir otro camino, es menos atractivo que el camino del dolor, porque requiere más esfuerzo, es menos cómodo y sus resultados sólo se aprecian a largo plazo, pero es el unico camino hacia una boca sana y una sonrisa bonita ¿tú qué camino eliges?

Acudir a la consulta sólo cuando duele es malísimo para la salud de tus dientes. En odontología casi siempre es tarde cuando duele, tarde para salvar ese diente. Lo que podría resolverse fácilmente si se detecta a tiempo en una revisión rutinaria, se convierte en un tratamiento más complejo, costoso y con peores consecuencias para tu boca.

Hay pacientes que ni siquiera van al dentista cuando duele, aguantan el dolor como pueden con la ayuda de analgésicos y esperan a que desaparezca. Lo malo es que en odontología los problemas no desaparecen por sí solos, sino que evolucionan y se agravan.

Una muela cariada puede dejar de doler y el paciente piensa – “¡Qué bien! Ya no me duele, ya no hace falta que vaya al dentista”- lo que pasa es que la muela “ha muerto”, no duele pero la infección sigue ahí, el cadáver de tu muela (tu pulpa para ser exactos) sigue ahí, los malos olores siguen ahí y ahora hacer una endodoncia será todavía más complicado.

Te damos nuestra palabra de honor de que cualquier problema dental ignorado tarde o temprano te acabará dando muchos más problemas.

Nosotros en la clínica hacemos mucho hincapié para que acudáis a vuestras revisiones y profilaxis regularmente pero un porcentaje importante de personas no nos hace caso. La prevención parece que no importa a casi nadie pero es lo más importante.

“Nunca le preguntes a tu peluquero si necesitas un corte de pelo”

Dice la sabiduría popular que nunca le preguntes a tu peluquero si necesitas un corte de pelo, claro ¡qué te va a decir! si le va el negocio en ello. Por lo tanto es posible que estés pensando que lo de las revisiones todos los años o cada 6 meses lo decimos porque nos interesa, porque nos va el negocio en ello.

No te culpamos, nosotros también lo haríamos, pero a diferencia de la peluquería aquí es de salud de los que estamos hablando ¿verdad? En nuestro caso la deontología profesional nos obliga a aconsejar al paciente lo que es mejor para su salud y que tú no te lo creas no cambia la realidad tozuda, comprobada a lo largo de más de 40 años, de que los pacientes que acuden a sus revisiones puntualmente tienen la boca más sana, conservan más dientes a medida que van cumpliendo años y encima se gastan mucho menos dinero que el resto en visitar a su dentista.

Mientras eres joven es difícil darte cuenta, ya que cuando los problemas se van gestando tú prácticamente ni te enteras. Ahora, a medida que cumples años y vas entrando en la mediana edad, tu salud bucodental empieza a ir cuesta abajo por culpa de estos problemas que has dejado evolucionar a lo largo de los años.

Como ya hemos dicho, insistimos mucho en todo esto porque nos obliga el buen hacer profesional, que debe ser preocuparse por la salud de los pacientes por encima de todo. Paradójicamente, si todos nuestros pacientes nos hicieran caso y acudieran a las revisiones periódicas que les indicamos, nuestro trabajo cambiaría bastante y muy probablemente ganaríamos menos dinero (pero seguiríamos durmiendo bien por las noches).

Excusas irracionales típicas que nos decimos para no ir al dentista

Se dice que el ser humano no es una animal racional sino más bien un animal racionalizador que no es lo mismo. Tenemos tendencia a tomar decisiones irracionales y emocionales que luego nuestro cerebro se encarga racionalizar para justificar el porqué de las decisiones tan irracionales que tomamos.

Dejar de ir al dentista no es una excepción, más abajo ponemos algunas de las excusas más típicas que nos decimos nosotros mismos para retrasar la visita al dentista aunque, con los datos en la mano, no sea la mejor decisión para nosotros.

1. Es muy caro

Es evidente que el dinero no crece de los árboles y que hoy en día hay que hacer un gran esfuerzo para costearse algunos tratamientos dentales. Esta es probablemente una de las principales razones por las que la gente no acude al dentista. Todo el mundo valora acudir a un buen dentista ¡al mejor! y recibir un buen trato, pero para muchas personas el servicio dental más básico puede ser completamente inalcanzable.

Por lo tanto hay que distinguir claramente entre dos situaciones:

No puedes permitirte ningún tipo de servicio dental, ni siquiera el más básico, lo que es poco dinero para algunos puede ser muchísimo para otros. En estos casos es complicado poder acudir al dentista pero no imposible. Antes de dejar de ir al dentista investiga estas opciones:

  • Seguridad social (cubre unos pocos tratamientos)
  • Campañas de prevención bucodental gratuitas
  • Clínicas dentales solidarias
  • Clínicas dentales universitarias en las que te tratan los alumnos supervisados por profesores y, en teoría, a precios más asequibles.
  • Comentar tu caso y pedir consejo en el Colegio de Odontólogos de tu región
  • Etc.

Te lo puedes permitir pero no valoras suficiente tus dientes. No todo el mundo valora por igual la salud de sus dientes. Mucha gente prefiere gastarse el dinero en cosas que le proporcionen más placer que acudir al dentista ahora, aunque eso signifique tener que ir mucho más en el futuro y destinar mucho más dinero en tratamientos caros que se podrían haber evitado.

Nosotros creemos que la salud general, y la de tus dientes en particular, deberían ser consideradas necesidades absolutamente prioritarias, por encima de cualquier otro gasto aparte, claro está, de las necesidades diarias más básicas.

Es irracional que mucha gente no esté dispuesta a pagar el dinero que cuesta salvar un diente mientras son capaces de destinar 3 o 4 veces más para comprarse un Smartphone de última generación que cambiarán a los 2 o 3 años (somos el país europeo con mayor penetración de smartphones con un 81% a principios de 2015).

Es irracional que seamos capaces de gastarnos varios cientos de euros en el seguro a todo riesgo del coche pero no 50 o 60 euros al año en hacernos una revisión o profilaxis.

Es irracional porque si de verdad te preocupa tu salud debes invertir en salud.

Es irracional porque si lo que te preocupa de verdad es el dinero debes invertir en salud para no gastarte más dinero después.

Sea como fuere, está muy claro que el dinero sigue siendo uno de los principales motivos por el que los españoles evitamos al dentista.

2. Me da miedo

Malas experiencias durante la infancia, miedo a los pinchazos o una tendencia acusada a las arcadas o los atragantamientos pueden causar mucha ansiedad a la hora de ponerse en manos del dentista.

Si fuéramos objetivos y totalmente racionales no deberíamos tener miedo (¡qué fácil decirlo!) ya que a lo largo de los últimos años ha habido grandes cambios y avances en odontología que aseguran una tratamiento prácticamente indoloro en la mayoría de los casos.

De todas maneras el miedo al dentista es a veces incontrolable, irracional, prácticamente imposible de evitar. Por mucho que expliquemos lo seguros e indoloros que son la mayoría de los tratamientos da igual, la preocupación, el miedo al dolor, el sonido de la turbina, las agujas, etc. pueden causarte mucha ansiedad.

Te recomendamos que comuniques todos tus miedos y preocupaciones a tu dentista para que ponga especial cuidado en que te sientas confortable y te trate de la manera que mereces. Hay soluciones muy eficaces para rebajar el nivel de ansiedad en el sillón.

3. No tengo tiempo

Esta es otra de las principales excusas por las que evitamos el dentista. El trabajo, llevar a los niños al colegio, la vida acelerada de hoy en día, etc. hace que dispongamos de muy poco tiempo.

Muchas personas no tienen tiempo para acudir al dentista y mucho menos si es necesario realizar varias visitas en un periodo corto de tiempo.

Sin embargo, si es la falta de tiempo lo que te agobia, demorar la visita al dentista no es lo más inteligente ya que un caso sencillo que puede resolverse en una hora podría convertirse en un problema que puede requerir varios meses de tratamiento y revisiones.

4. ¡Si no me duele! ¿Por qué tengo que ir al dentista?

Ya hemos hablado largo y tendido de esto, en odontología cuando duele ya es tarde, lo que era una obturación sencilla se convierte en una endodoncia, lo que era una gingivitis se convierte en una periodontitis, lo que era una mala posición de los dientes se convierte en un problema de articulación de la mandíbula, y así con todo.

Por lo tanto no esperes a que duela, el mejor seguro que existe para tu boca es hacer tus revisiones periódicas y atajar cualquier problema antes de que se agrave.

En esto existen opiniones para todo, la ignorancia es a veces muy atrevida. Hemos llegado a escuchar opiniones en foros y blogs de internet donde dicen que en la vida se han cuidado los dientes y que fue cuando empezaron a acudir al dentista que empezaron sus problemas.

Se olvidan que hace años eran un poquito más jóvenes y que la salud dental, al igual que la salud en general, empeora con la edad. Hace años tampoco necesitaban ir al urólogo, traumatólogo, fisioterapeuta, digestivo, etc. y ahora que están un poco más viejos sí.

Es necesario asumir que cualquier persona adulta necesita acudir a sus revisiones regulares cuya periodicidad dependerá de factores como el estado de salud de su boca, el tabaquismo, la dieta, el alcohol, predisposición genética, hábitos de higiene dental, etc.

5. Tendría que ir pero no me he mentalizado todavía

A veces ocurre que no estamos mentalizados de hacer algo, nos falta la motivación o la determinación de hacerlo. Puedes ser perfectamente consciente de que algo te conviene y tienes que hacerlo pero aun así no mueves un dedo.

Los seres humanos funcionamos así. Si no resulta demasaido extraño ver profesionales sanitarios, incluidos los propios médicos, fumando a la salida de los hospitales cuando conviven dia a dia con enfermos terminales de cáncer de pulmón ¡cómo nos vamos a escandalizar porque alguien no acuda a la consulta a pesar de advertirles del riesgo para su boca!

Así que busca la motivación de donde sea y ¡hazlo! no lo pienses más “Just do it” que dirían los de Nike.

6. He descuidado un poco mi boca, no quiero que mi dentista me regañe

Si te sientes culpable o avergonzado por el estado de salud de tus dientes lo último que necesitas es que alguien te sermonee y te haga sentir peor. A veces evitamos al dentista por miedo a que nos recuerde lo mal que lo hemos estado haciendo hasta ahora.

Ir al dentista puede ser lo suficientemente estresante o angustioso como para que encima paguemos por un servicio en el que nos recuerdan lo mal que hacemos las cosas o lo irresponsables que somos.

A veces, los profesionales de la odontología, pecamos de dar consejos con un aire de superioridad al sentir que estamos educando o aleccionando al paciente y es algo que hay que intentar evitar porque probablemente no esté ayudando a que el paciente mejore su situación.

Es muy posible que nosotros estemos cometiendo estos mismos errores con un artículo como este que estás leyendo. En nuestra defensa diremos que si alguien te echa el sermón significa, al menos, que muestra interés por la salud de tus dientes. Piensa que si no le importara la salud de tu boca no perdería el tiempo en decirte nada, se limitaría a hacer su trabajo y listo.

En todo caso, cualquier paciente, por muy descuidado o irresponsable que sea, se merece un trato cercano, cálido, agradable y comprensivo. No ayuda mucho recordarle continuamente lo mal que hace las cosas.

Si alguna vez has dejado de acudir al dentista por esta razón, no lo hagas. Dale una oportunidad a tu dentista y explícale que le agradeces que se preocupe por tu salud pero que no te ayuda nada con esa actitud, que es mejor explicarte las cosas con cariño. Si su actitud persiste y no te sientes a gusto es mejor buscar otro dentista en lugar de evitar al tuyo.

Error #4: Mala dieta

La mala dieta es uno de los factores principales que influyen en la salud de tus dientes. Existen una serie de alimentos que es mejor evitar, o al menos reducir su consumo. Los grandes grupos de alimentos que hay que evitar son los siguientes:

Alimentos ácidos: los alimentos y bebidas ácidos atacan directamente al diente, debilitando el esmalte, favoreciendo el avance de la caries y ocasionando hipersensibilidad. Algunos ejemplos de este tipo de alimentos son: limón, pomelo, naranja, coca-cola y refrescos en general, bebidas energéticas, etc.

Alimentos que contengan azúcares y carbohidratos: el azúcar es el alimento principal de las bacterias que habitan en la boca. Estas bacterias descomponen los azúcares formando ácidos que atacan a los dientes.

Alimentos pegajosos: especialmente peligrosos ya que son más difíciles de eliminar y se incrustan en los huecos de los dientes donde es difícil llegar.

Alimentos blandos: ¿Sabías que el propio hecho de masticar los alimentos ayuda a limpiar la superficie de los dientes? Con los alimentos blandos esto no ocurre, no limpian el diente, provocan mayor acumulación de restos y favorecen la formación de placa bacteriana. Tu dentadura está pensada para masticar no para chupar.

Alimentos muy duros. Podrán provocar algún traumatismo en los dientes al masticarlos.

Evita estos alimentos totalmente perniciosos para tus dientes:

Caramelos y chucherías: no sólo son dañinos porque están repletos de azúcar sino que los que son duros pueden provocar traumatismos graves en los dientes y los que son pegajosos se quedan incrustados en los surcos de tus dientes por más tiempo.

Cítricos y zumos de frutas: son muy sanos, pero la exposición a los ácidos que contienen puede acabar dañando el esmalte haciendo tus dientes más sensibles y con más riesgo de sufrir caries. Asegúrate de enjuagar tu boca con abundante agua después de consumirlos.

Patatas fritas y snacks: cuidado con este tipo de alimentos, las patatas fritas están repletas de almidón y se quedan pegadas a los dientes. Si caes en la tentación de consumir este tipo de aperitivos crujientes asegúrate de eliminar todos los restos con el cepillo y la seda dental para evitar la formación de placa.

Refrescos: Prácticamente todas las bebidas carbonatadas y refrescantes, incluidas las que no tienen azúcar, contienen ácidos y por tanto son muy perjudiciales para los dientes. Si consumes este tipo de bebidas intenta enjuagarte después con agua.

Bebidas energéticas y deportivas: parecen muy saludables pero suelen ser ácidas y el azúcar es uno de sus componentes principales. Elije aquellas que tengan un contenido bajo en azúcar y que no sean ácidas.

Bollería industrial: contienen gran cantidad de azucares refinados y además se pegan a los dientes.

¿Es beneficioso masticar chicle sin azúcar?

En realidad masticar chicle sin azúcar aumenta el flujo de saliva en la boca lo que permite neutralizar los ácidos y eliminar los restos de comida que se pegan a los dientes.

Sin embargo nosotros no recomendamos su uso ya que nuestra mandíbula y nuestros dientes no están pensados para masticar continuamente. Masticar chicle de forma habitual puede provocar excesivo desgaste del esmalte y daños en la articulación de la mandíbula.

Error #5: Tabaco

El tabaco interfiere en el normal funcionamiento de las células de tu encía disminuyendo el aporte sanguíneo a la misma y al resto de mucosas de la boca. Las hace más susceptibles a las infecciones porque disminuye las defensas del surco gingival lo que dificulta los procesos de curación.

Da igual la forma en que consumas tabaco: cigarrillos, puros, pipas, tabaco de mascar etc. todos son peligrosos para tu boca.

Se ha demostrado tanto empírica como científicamente que fumar provoca muchos problemas entre los que se incluyen:

  • Mal aliento
  • Cambio de color en los dientes
  • Irritación de los conductos salivares en el suelo de la boca
  • Aumento de la acumulación de placa y sarro en los dientes
  • Mayor pérdida de soporte para los dientes
  • Mayor riesgo de cáncer oral.
  • Mayor riesgo de periodontitis, que es la principal causa de pérdida de dientes en adultos. De hecho el tabaco es responsable en más del 70% de los casos de periodontitis en adultos. Los fumadores tienen casi el doble de riesgo de perder sus dientes que los no fumadores.
  • Procesos de curación más lentos tras una extracción dental, tratamiento periodontal o cirugía oral.
  • Menor tasa de éxito de los tratamientos con implantes dentales. Tabaco e implantes es siempre muy mala combinación. Si quieres que tus implantes estén en buen estado por varios años debes dejar el tabaco.

Error #6: Traumatismos dentales por culpa de ciertos hábitos

No utilices tus dientes para lo que no están pensados ni los expongas a riesgos innecesarios, entre los peores hábitos que pueden dañar seriamente tus dientes destacan:

  • Masticar hielo
  • Practicar deportes de contacto sin protector bucal
  • Piercings en la lengua
  • Apretar y rechinar los dientes (bruxismo) y no utilizar una férula de descarga
  • Utilizar los dientes como si fueran una herramienta: para abrir botellas, bolsas, cortar cuerdas, etc.
  • Mordisquear cosas como las uñas, bolígrafos, lápices, palos etc.

Todas estas cosas someten a tus dientes o a la articulación de tu mandíbula a un estrés innecesario. Si insistes en estas malas costumbres como poco desgastarás el esmalte de tus dientes y, lo más probable, es que tarde o temprano tengas que acudir de urgencia a la consulta con un diente fracturado.

Error #7: Buscar “gangas” en odontología

¿Es cara la odontología?

La odontología preventiva no es cara, acudir a tus revisiones anuales y hacerte profilaxis de manera periódica no es caro, comprarte un buen cepillo manual y seda dental no es caro. Lo que puede llegar a ser MUY CARO es resolver problemas dentales después de que hayan aparecido o cuando se han agravado.

Si haces como la mayoría de la gente que sólo acude al dentista cuando te duele es muy probable que la solución te vaya a costar BASTANTE dinero. Dinero del que a veces no dispones. Entonces es cuando puedes tener la tentación de buscar gangas, ofertas, clínicas dentales “lowcost”, precios bajos etc.

Guiarse sólo por el precio es un error

Guiarse sólo por el precio es un error y tus dientes tarde o temprano lo pagarán caro, igual no te lo crees pero es cierto. Es posible que estés pensando “¡Claro! Qué van a decir estos dentistas si son parte interesada, estos lo que quieren es seguir cobrando duro en lugar de ajustar los precios”

Cuando hablamos de salud, los precios muy bajos son casi siempre por uno o varios de estos factores (alguno positivo pero la mayoría muy negativos):

  • Economías de escala: clínicas con un gran volumen de pacientes pueden conseguir mejores precios en equipos y materiales que luego trasladan al paciente.
  • Optimización de los procesos: una clínica muy bien organizada puede reducir los tiempos muertos y hacer que el equipo sea más productivo por lo que el coste por hora de trabajo se reduce.
  • Altos volúmenes de trabajo: en nuestra clínica un doctor atiende como máximo a 8 o 10 pacientes al día, pero existen clínicas (sobre todo franquicias y macro-clínicas, algunas de ellas muy conocidas) donde los odontólogos pueden llegar a atender a ¡35 o 40 pacientes en un solo día! Evidentemente es imposible dar una atención de calidad dedicando una media de 10 o 12 minutos por paciente ¿Te pondrías en manos de alguien para hacerte una cirugía complicada en 12 o 15 minutos cuando eres el paciente número 35 que atiende esa persona que está completamente agotada y deseando marcharse a su casa? Nosotros ni de broma.
  • Baja calidad de materiales e instrumental empleado en la consulta: son mucho más baratos.
  • Laboratorio protésico de baja calidad: por muy bueno que sea el odontólogo, es imposible que un trabajo quede bien si el laboratorio no está a la altura. Los laboratorios buenos son bastante caros.
  • Planes de tratamiento alternativos: son menos costosos pero no ideales para el paciente.
  • Técnicas de trabajo más rápidas o no adecuadas: es necesario utilizar otro tipo de técnicas si quieres hacer algo y solo tienes 12 minutos.
  • Profesionales con poca experiencia o baja cualificación: los honorarios de un profesional de prestigio con experiencia o muy buena formación son más altos.
  • Profesionales en condiciones precarias de trabajo lo que perjudica la calidad del tratamiento: por muy bueno que sea el odontólogo es imposible que haga un buen trabajo si recibe presiones para facturar más o sólo puede dedicar 10 minutos a cada paciente, con malos materiales y mal laboratorio. Además que se olvide de descansar los sábados ya que tiene curso de ventas para odontólogos “opcional” en la empresa ya que tiene que aprender a ser más “productivo” y vender más tratamientos al paciente.
  • Bajos estándares de limpieza y esterilización
  • Medios obsoletos
  • Fraude o estafa: Intrusismo profesional, dentistas no colegiados, clínicas clandestinas sin licencia, sobretratamientos, etc.
  • Publicidad engañosa: ofertas con precios “gancho” aparentemente baratas pero que en realidad no lo son cuando se incluyen todos los conceptos incluidos en el tratamiento.

Si aun así no te convence, es posible que la sabiduría de las abuelas de toda la vida te abra un poco los ojos:

  • “Lo barato sale caro”
  • “Nadie da duros a cuatro pesetas”
  • “No es oro todo lo que reluce”
  • “Lo barato es caro cuando no es necesario”
  • “Bueno y barato, no caben en un zapato”
  • “Si piensas que es muy caro contratar a un profesional prueba a contratar a alguien que no lo es”

¿Nuestro consejo? Encuentra a un dentista de tu total confianza y aprende a distinguir una buena atención bucodental de la que no lo es.

Nos da mucha pena ver como la gente se deja engañar o cae víctima de campañas agresivas de marketing poniendo en riesgo su salud y la de su familia. No sólo eso, sino que cuando acuden otra vez al dentista (esta vez en una buena clínica dental) les cuesta mucho más dinero del que debería porque su boca está en peores condiciones que la primera vez.

Nosotros hemos perdido pacientes a los largo de los años por circunstancias de la vida o porque no lo hemos hecho bien o porque han encontrado otra clínica dental que les parecía mejor, a veces vuelven y a veces no y esto entra dentro de lo lógico y normal.

Pero también tenemos muchos pacientes que han hecho lo que llamamos “la travesía del desierto”, son pacientes que habían dejado de venir y dábamos por pérdidos pero al cabo de los años vuelven después de haber caido en muy malas manos.

En bastantes ocasiones son pacientes que buscaban “gangas” y lo pagan ahora (con creces) con su salud y con su dinero. Es una pena porque su boca está mucho peor que antes y además suelen ser mucho más desconfiados y difíciles de tratar.

Cuidado con los “comerciales” que te venden cosas que no necesitas

En algunas clínicas de gran volumen (algunas muy conocidas por cierto) cuentan con una figura que denominan director o subdirector de clínica que es quien te “asesora” sobre el tratamiento y te lo “explica” además de hacerte ver las ventajas de financiar todos los tratamientos que vas a necesitar en cómodas cuotas mensuales.

Ni que decir tiene que esta persona no es más que un comercial (no odontólogo) cuya única misión es cumplir con unos estrictos objetivos de facturación mensual (porque si no se va a la calle) por lo que intentará por todos los medios venderte el mayor número de tratamientos posible.

Grábate esto a fuego en la cabeza: La única persona capacitada para hacer un diagnóstico, explicarte las cosas y asesorarte de verdad sobre cuál es el plan de tratamiento que necesitas es TU dentista, sal corriendo si el que te explica las cosas es alguien que no sea TU dentista.

Y mucho ojo con la financiación, la clínica cobra todo de una vez y tu contraes una deuda con el banco. Hazlo sólo si confías en tu dentista porque si pasa cualquier cosa o esa clínica cierra por lo que sea, tu seguirás pagando religiosamente las cuotas al banco.

Un profesional de verdad nunca dejará tirado a un paciente y si por causas de fuerza mayor no puede atenderle se encargará de buscar a un compañero o clínica amiga de total confianza para que lleve a buen término el tratamiento y sin coste adicional para el paciente.

A veces en este tipo de clínicas la presión es tan grande que los comerciales pueden llegar a vender tratamientos que no necesitas o priorizar ciertos tratamientos, más rentables para ellos, frente a otros que son más urgentes y necesarios.

Ten mucho cuidado con estas cosas, puedes gastar mucho dinero y acabar destrozando tu boca si no prestas atención a los Indicios de una mala atención bucodental.

Encuentra a un dentista de confianza

Si tienes un dentista de verdadera confianza que se preocupa realmente de tu salud, estás muy por delante de la gente que sólo busca precio a la hora de acudir al dentista. De todas formas, cuando tengas dudas pregunta, y si es necesario busca una segunda opinión. No tengas problema, ningún profesional que se precie y esté seguro de sí mismo y su diagnóstico debe ofenderse porque decidas buscar una segunda opinión sobre tu caso.

Si tienes un dentista de confianza que haga énfasis en la prevención, tú y tu familia podéis estar seguros de que tendréis una mejor salud bucodental y gastaréis mucho menos que los que se guían sólo por el precio en temas de salud.

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